Oración Milagrosa a nuestra señora de la consolación

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Reza esta oración para pedir a Nuestra Señora de la Consolación que le traiga el alivio de una situación de aflicción por la que está pasando, o para ayudar a alguien que le es querido y que está atravesando un período difícil.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Oh dulce, oh engrandecido, amabilísima Virgen María,
no podemos pronunciar su nombre sin que nuestro corazón se llene de amor
y los amantes no pueden pensar en ti sin sentirse animados a amarte aún más y poner toda su confianza en vosotros.

Oh María, mi madre, al ver mi angustia y  que me mira con  bondad.

Que es la comodidad de todo desafortunado que llama en su ayuda, mi consuelo.

Oíd los suspiros, acepta las oraciones de mi pobre corazón, no me abandones, me sustente en mis aflicciones, me fortalece en el peligro.
Sois el rocío celestial que alivia mi sufrimiento.

Os ruego, Madre de la Consolación, suaviza mis plumas, da paz a mi alma, concédeme lo que te pido humildemente.

Obtén el perdón de tu Hijo por mis pecados, la gracia para evitarlos y felicidad a imitar sus virtudes para el resto de mi vida, y por la salvación de mi alma.

Por el momento tengo que presentarme ante la Justicia Divina, se tú mi protectora y mi comodidad,

lleva a mi alma a la presencia de Su Hijo, el juez soberano, Oración Milagrosa a nuestra señora de la consolación

Repita tres veces:

Oh María concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a vosotros.

Reza un Credo, un Padre Nuestro, tres Avemarías, y una Salvé Reina.

Por último, concentre su pensamiento en esta oración:

Señora de la Consolación, tengo confianza en vosotros.

NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLACIÓN

Tabla de contenidos

Esta devoción mariana viene de los tiempos de los Santos Apóstoles. Después de la muerte y resurrección de Jesús, ellos tenían a María por verdadera Madre y Maestra consumada en la acción del Espíritu Santo, el consolador prometido. María es la consoladora del espíritu, la fortaleza que reconforta a los sufrientes, el puerto seguro de los afligidos.

La antigua tradición narra que en sus aflicciones Santa Mónica siempre recurrió a la Virgen. Primero con las desolaciones provocadas por su marido. Después con la vida desordenada del hijo Agustín, de temperamento difícil, que insistía en alejarse de la religión.

Santa Mónica deseó seguir a María incluso en la manera de vestirse. Por eso, en sus oraciones pedía a la Virgen que le mostrase cómo era su vestimenta, después de la muerte de San José y principalmente después de la Resurrección de Jesús.

En una aparición especial a la santa Mónica, María se presentó con la ropa solicitada: cubierta por una amplia túnica de tejido rústico, de corte simple y color muy oscuro. Una ropa despojada y penitencial, teniendo apenas en la cintura una gruesa correa o cinta de cuero que descendía casi hasta el suelo. A continuación, soltó esta cinta y la colocó en Mónica, recomendándole el uso diario. También le pidió transmitir a todos aquellos que hicieran su uso, tendrían su particular protección.

Santa Mónica tuvo la alegría de ver la conversión del hijo, hoy uno de los mayores santos de la Iglesia. San Agustín fue uno de los primeros en colocar la cinta y entregarse a la protección de Nuestra Señora de la Consolación, como lo hizo con la comunidad religiosa que luego fundó.

Así, la banda se convirtió en el distintivo de las órdenes agustinas, responsable de la difusión del culto de su patrona, en todo el mundo. La imagen de esta devoción, generalmente, representa a la Virgen María con una correa oscura entre las manos, o la está entregando a Santa Mónica y San Agustín. Por eso, en algunas localidades es invocada bajo el título de Nuestra Señora de la correa o de la corredera, pero la devoción es la misma, festejada el 28 de agosto, en las órdenes agustinas.

La celebración de este día se refiere a una milagrosa imagen de la Virgen María con el Niño Jesús que dio origen al culto ya la iglesia de Santa María de la Consolación, en Roma. Todo comenzó en 1385, cuando el hidalgo romano Jordanico de Alberino, quedó preso en las cárceles de lo alto del Monte Campidolio. Poco antes de ser ahorcado, puso en testamento que dos florines de oro debían ser usados ​​con la pintura de una imagen de la Virgen María en un lugar público. Su hijo Santiago hizo cumplir lo que estaba escrito, ordenando que la obra fuera ejecutada sobre un muro del Clivo Jugario, debajo del Monte Campidolio.

Dice la tradición que el 26 de junio de 1470 un condenado salió vivo del ahorcamiento porque pidió la protección de la Santísima Virgen, invocando aquella imagen. El entusiasmo del pueblo hizo los Cofrades de Santa María de las Gracias reunir recursos para la construcción de una iglesia para veneración de aquella milagrosa imagen, entonces titulada “Nuestra Señora de la Consolación”.

El traslado al pequeño santuario se produjo el 3 de noviembre de 1470. Pero junto a él también se fundó un hospital, en el que operaron muchos santos, como: Ignacio de Loyola, Luiz Gonzaga, Camilo de Lellis, Felipe Ner, el Baronio y el Calasanzio . La iglesia cedida después al hospital fue ampliada a finales del siglo XVI y la milagrosa imagen fue coronada

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLACIÓN PARA LOS MOMENTOS DE AFLICIÓN

Acordaos, oh purísima Virgen María de la Consolación, del poder ilimitado que os ha dado vuestro divino Hijo, Jesús, sobre su Corazón adorable.

Lleno de confianza en la omnipotencia de vuestra intercesión, vengo a implorar vuestra ayuda.

Tendéis en vuestras manos la fuente de todas las gracias que brota del Corazón amabilísimo de Jesucristo; abridla en mi favor; concediendo la gracia que os pido ardientemente.

No quiero ser el único por vosotros rechazado; sois mi Madre; sois la soberana del Corazón de vuestro divino Hijo.

Por lo tanto, a mi favor responde mi súplica; volví sobre mí vuestros ojos misericordiosos y alcanzaba la gracia … (pedido) que ahora me siento imploramente.

Que así sea.

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